Se vió en el espejo completamente desnuda en verdades. Vió que ya no la rodeaba ninguna excusa en busca de cegarla. Sintió cómo sus promesas se hacian añicos y entendió que ninguna valía más que perdonarse a ella. Ya no importaban los por qué, ni los cómo... dió cuenta que permitió a las emociones empaparla, sin permitirle regar sus sentimientos. Y fue ahí cuando esa culpa tan proyectada implosionó para morir junto a su viejo reflejo.